viernes, 3 de agosto de 2007

Diego Rivera: Participación Política y Cultural en Visión de la Revolución Mexicana y la Construcción de un Nuevo Ideal Nacional 1921-1955.


Por: BARRIOS BETSABÉ
BARRIOS SOL


INTRODUCCIÓN

Sin duda alguna, los primeros años del siglo XX, en México fueron años de gran idealismo en todas las áreas de la vida; los valores del progreso ya impregnaban el ambiente, la tecnología empezaba a desarrollarse con éxito y fuerza, nuevos proyectos políticos surgían por doquier y en el arte los movimientos de vanguardia rompían con la tradición academicista que supeditó la creatividad a los valores inmutables durante algún tiempo. Era el tiempo de la revolución: tecnológica, económica, política y artística, sin que ninguno de estos aspectos lograran desligarse.
Estos valores se expandieron por todo el globo, encontrando resonancia especialmente en América Latina e influenciando al muralismo mexicano desde el punto de vista ideológico. Tanto la experiencia de la Revolución Mexicana durante el mandato de Porfirio Díaz, la primera revolución del siglo XX, así como la expansión de los ideales de otras revoluciones, fungieron como inspiradores, en un primer momento, de esta revolución estética.
Fue a partir de la Revolución Mexicana de 1910, en contra del régimen de Porfirio Díaz, cuando el movimiento plástico del país azteca comienza a despertar del letargo academicista en el que se encontraba sumido, demandando un a verdadera escuela de arte. Sin embargo es sólo en la dictadura de Victoriano Huerta cuando comienza a despertarse este proceso de cambio en la plástica mexicana con el nombramiento del pintor Alfredo Ramos Martínez como director de la Escuela Nacional de Artes Plásticas en 1913, quien dio impulso a la reforma.
Dentro de este movimiento plástico, con su gran protesta (el muralismo mexicano) se destacaron grandes pintores: Sequeiros, Orozco y Rivera; pero de aquellos hombres, el trabajo de Rivera alcanzaría un total compromiso revolucionario: Rivera pintó la nueva ideología del movimiento

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revolucionario, especialmente la relacionada con Emiliano Zapata y la lucha por la tierra y los trabajadores, con su pelea por mejores condiciones de trabajo.
El arte de Diego Rivera constituyó uno de los pilares sobre los que habría de asentarse uno de los más pujantes movimientos de la pintura americana: El muralismo mexicano. Su arte depende en gran manera de un vocabulario surgido de una mezcla de Gauguin y la escultura azteca y maya. Realizó una obra vastísima como muralista, dibujante, ilustrador y escritor, desarrollando al mismo tiempo actividad política. Diego Rivera en formas simplificadas y con vivo colorido, rescató bellamente el pasado precolombino, al igual que los momentos más significativos de la historia mexicana: la tierra el campesino y el obrero; las costumbres y el carácter popular. La aportación de la obra de Diego Rivera al arte mexicano moderno fue decisiva en murales y obras de caballete; fue un pintor revolucionario que buscaba llevar el arte al gran público, a la calle y a los edificios, manejando un lenguaje preciso y directo con un estilo realista, pleno de contenido social. Paralelamente a su esfuerzo creador, Diego Rivera desplegó actividad docente en su país, y reunió una magnifica colección de arte popular mexicano. Siempre fue ambición de Diego Rivera expresar de forma plástica los sucesos, las ideas y esperanzas de la Revolución Mexicana.

I. CONTEXTO GEOHISTÓRICO DE MÉXICO EN LOS TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA.

I. A. LA REVOLUCIÓN MEXICANA.


Entre 1910 y 1920 México fue sacudido por una serie de luchas y revueltas conocidas como revolución mexicana, que intentaron transformar el sistema político y social creado por Porfirio Díaz. La revolución mexicana, que contribuyó a formar el México contemporáneo, no tuvo un carácter homogéneo, sino que consistió en una serie de revoluciones y conflictos internos, protagonizados por distintos jefes políticos y militares que se fueron sucediendo en el gobierno de la nación. En sus orígenes, las primeras tentativas revolucionarias, inspiradas por Francisco I. Madero, pretendían el derrocamiento de Porfirio Díaz, que se había mantenido en el poder durante más de treinta años. Tras el triunfo de los maderistas, la necesaria reconstrucción del país se vio dificultada por las disputas entre las propias facciones revolucionarias. (1)
Después del asesinato de Madero, hubo nuevas luchas en las que triunfó Venustiano Carranza, quien promulgó la constitución de 1917, paso decisivo para la organización del estado posrevolucionario. No obstante, los sectores más radicales de la revolución mantuvieron la lucha hasta 1920.
La revolución maderista. La revolución mexicana nació en un panorama de insatisfacción contra la política elitista y oligárquica de Porfirio Díaz, que había favorecido a los estamentos más privilegiados, sobre todo a los terratenientes y a los grandes capitalistas industriales. (2)
(1) Flores Magon, Ricardo. La Revolución Mexicana. México, 1970. p.5. “La Revolución Mexicana se desarrolla en el período comprendido entre la caída de la dictadura de Porfirio Díaz en 1910 y el ascenso al poder de la burguesía, tras superar los intentos de revolución social protagonizados por los campesinos dirigidos por Emiliano Zapata
Si bien el país gozaba de prosperidad económica, las continuas reelecciones de Díaz causaban insatisfacción política entre las nacientes clases medias, en tanto que los beneficios de la prosperidad no habían alcanzado a los grupos más pobres de la sociedad.
Madero, un rico terrateniente del norte del país, propuso una fórmula de compromiso político según la cual Díaz mantendría la presidencia y aquél, desde la vicepresidencia, iniciaría un proceso de reforma. Tras el rechazo de Díaz a la propuesta, Madero fue postulado candidato a la presidencia para las elecciones de 1910 por el Partido Antirreeleccionista, que incluía a intelectuales como Filomeno Mata y José Vasconcelos.
Díaz hizo detener a su oponente y se declaró vencedor en las fraudulentas elecciones de junio, pero Madero logró escapar de la prisión y publicó en la localidad texana de San Antonio su célebre plan de San Luís Potosí, en el que denunciaba el fraude electoral e incitaba a la población a que se uniera a una sublevación el 20 de noviembre. Escasos fueron los levantamientos en la fecha señalada, pero el llamamiento contribuyó a alentar la sublevación posterior en diversos puntos de México. En el norte, en Chihuahua, Pascual Orozco y Francisco (Pancho) Villa, con unas tropas improvisadas, empezaron a asaltar las guarniciones gubernamentales; y en el sur, en Morelos, Emiliano Zapata llevó a cabo una sangrienta campaña contra los caciques locales.

(2) Surge la revolución maderista entre 1910-1911. El punto de partida de este proceso revolucionario fueron las declaraciones realizadas por el estadounidense Creelman en 1908, en las que afirmaban que el pueblo mexicano ya estaba molesto y no deseaba que Porfirio Díaz continuara en el poder. Comenzó en el país una intensa actividad política. Ulloa, Berta. Historia de la Revolución Mexicana. México, 1983. p. 322.

I. B. CONTEXTO SOCIAL-ECONÓMICO.

En 1910 apareció el libro La sucesión presidencial, escrito por Francisco I. Madero, que se convirtió en el manifiesto político de los grupos de oposición a la dictadura: las clases medias, los campesinos y los obreros, contrarios a la reelección de Díaz para un nuevo mandato presidencial, pero también opuestos a las costumbres aristocráticas y al afrancesamiento dominante, a la política económica del colonialismo capitalista y a la falta de libertades políticas bajo el régimen dictatorial.
En abril de 1910, Madero fue designado candidato a la presidencia por el Partido Nacional Antirreeleccionista, fundado un año antes con un programa a favor del sufragio efectivo y la no reelección, pero sin claros contenidos sociales y económicos. En mayo del mismo año se produjo en Morelos la insurrección de Emiliano Zapata al frente de los campesinos, que ocuparon las tierras en demanda de una reforma agraria. Díaz fue reelegido para un séptimo mandato y Madero intentó negociar con él para obtener la vicepresidencia de la República, pero fue encarcelado por el dictador en Monterrey el 6 de junio, aunque poco después fue trasladado a San Luís Potosí y quedó en libertad. (3)
Consciente de que iba a ser encarcelado de nuevo, Madero escapó a San Antonio (Texas). El 20 de noviembre se produjo la insurrección de Francisco (Pancho) Villa y Pascual Orozco en Chihuahua, pronto secundada en Puebla, Coahuila y Durango. En enero de 1911, los hermanos Flores Magón se alzaron en la Baja California y los hermanos Figueroa en Guerrero.
(3) En octubre de 1910, Madero y sus colaboradores redactaron en esa ciudad el Plan de San Luís, que llamó a la insurrección general y que logró el apoyo de los campesinos al incluir en el punto tercero algunas propuestas de solución al problema agrario. Taracena Alfonso. Historia Extraoficial de la Revolución Mexicana. México, 1987. p. 14.
Pese al fracaso de Casas Grandes, en marzo de ese mismo año, el 10 de mayo los revolucionarios ocuparon Ciudad Juárez, donde se firmó el tratado por el que se acordaba la dimisión de Díaz, que salió del país el 26 de mayo siguiente, y el nombramiento como presidente provisional del antiguo colaborador de la dictadura, Francisco León de la Barra, que conservó a los funcionarios y militares adictos a Díaz.
El gobierno procedió al desarme de las fuerzas revolucionarias, pero los zapatistas se negaron a ello, exigiendo garantías de que serían atendidas sus demandas en favor de una solución para el problema agrario. El general Victoriano Huerta combatió a los zapatistas del estado de Morelos en los meses de julio y agosto de 1911, los derrotó en Cuautla y los obligó a refugiarse en las montañas de Puebla. Sin embargo, en las elecciones presidenciales resultó elegido Madero, quien tomó posesión de su cargo el 6 de noviembre de 1911, pero que no logró alcanzar un acuerdo con Zapata ni con otros líderes agrarios por su falta de sensibilidad para resolver los problemas sociales planteados por el campesinado. (4)
Orozco, tras ser nombrado por los agraristas jefe supremo de la revolución, se sublevó en Chihuahua en marzo de 1912, y otro tanto hicieron los generales Bernardo Reyes y Félix Díaz en Nuevo León y Veracruz respectivamente. El Ejército federal, al mando de Prudencio Robles y Victoriano Huerta, reprimió con dureza los levantamientos, estableciendo campos de concentración, quemando aldeas y ejecutando a numerosos campesinos. En la ciudad de México tuvo lugar en febrero de 1913 la que se denominó Decena Trágica, enfrentamiento entre los insurrectos y las tropas del general Huerta, que causó alrededor de 2.000 muertos y 6.000 heridos.


(4) El 28 de noviembre de 1911, Zapata proclamó el Plan de Ayala, en el que se proponía el reparto de tierras y la continuación de la lucha revolucionaria. Taracena , Alfonso. Historia Extraoficial de la Revolución Mexicana. México, 1987. p. 14.

Con la insólita mediación del embajador estadounidense, Henry Lane Wilson, el general Huerta llegó a un acuerdo con el general Díaz, destituyó a Madero y se autoproclamó presidente el 19 de febrero de 1913. Cuatro días después el presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez fueron asesinados por órdenes de Huerta.
(5) El gobierno de Porfirio Díaz se encargó de constituir la gran propiedad agraria-rural, con agravio de los primeros pequeños propietarios y especialmente de los pueblos indígenas. La prestación de servicios en el campo, era más que una relación contractual civil, un estado de servidumbre. Prefirió a los inversionistas extranjeros sin preocuparse o preocupándose poco, por formar un capitalismo nacional, activo y emprendedor.
Madero, antes de que fuera candidato antireeleccionista, desestimaba la objeción reaccionista que despertaba el pueblo de la cosa pública. El temor de que el pueblo ignorante fuera manejado por voluntad del gobierno o del clero, igualmente le parecía exagerado. Madero había visto actuar a grupos sociales que lo ilustraban acerca de la conducta del pueblo como fuerza de expresión y de acción.
Madero es derrumbado del poder, pero en el tiempo que estuvo en el poder tuvo que enfrentar cinco rebeliones. El choque de las pasiones humanas se repite en el curso de los siglos. Si algún paragón puede hacerse de los acontecimientos de 1913 se encuentra la exaltación de la violencia que tuvo desarrollo en la ciudad de México.(6)

(5) En este clima de privilegios, las reacciones fueron apareciendo tímidamente, desarticulizadas, sin organización patente, los descontentos por la situación que prevalecía en el agro mexicano eran condenadas a servicio militar, los primeros brotes de la cuestión laboral fueron movimientos que estallaron en negociaciones extranjeras. Fuentes para la Historia de la Revolución Mexicana: Manifiestos Políticos (1892-1912). México, 1957. p. 23.
(6) Se inició el levantamiento de un grupo de militares, Victoriano Huerta llevó a cabo la defección, puso presos al presidente, pactó con los sublevados, obligó a renunciar a los altos funcionarios; dos días más tarde cayeron asesinados Madero y Pino Suárez, para consumar la acción contrarrevolucionaria, efectiva y funesta que encendería al país y lo llenaría de sangre desde 1913 hasta la consolidación del nuevo régimen. Fuentes para la Historia de la Revolución Mexicana: Manifiestos Políticos (1892-1912). México, 1957. p. 24.

Mal contados veintiocho días, desde que Madero ascendiera a la presidencia, Emiliano Zapata se levantó en armas enarbolando los postulados del Plan Ayala. Pascual Orozco en el pueblo de Chihuahua también desconoce a Madero como presidente, de tal modo que el camino de los grupos zapatistas y orozquistas que daba marcado así; autonomía, indisciplina y rebelión. (7)
Dentro de la lucha de clases que significó la Revolución Mexicana, los distanciamientos entre grupos revolucionarios, hicieron compleja, con una excepcional gravedad, a la etapa de la violencia.
(8) “La llamada decena trágica que se presentó en México fue dada por el país vivía una situación muy rigurosa, pululaban las fuerzas rebeldes en forma de guerrillas. El gobierno era atacado severamente por la prensa y mostraban ciertos signos de debilidad, fue en medio de ese ambiente de desasosiego como surgió un nuevo movimiento armado que dirigía el general Bernardo Reyes en la frontera norte, pero el fracaso que resintió pronto lo condujo a rendirse, y fue apresado, con este motivo, en la prisión militar de Santiago, en la capital. Otro brote de oposición lo animó el general Félix Díaz, sobrino del antiguo presidente que se sublevó en Veracruz, y tras algunas vicisitudes fue derrotado y conducido a la penitenciaría de la ciudad de México”.
En todo ello los soldados federales sostuvieron a Madero, sin embargo, varios militares federales se pusieron en comunicación con los dos presos y se tramó una revuelta que tendría por objeto la aprehensión del presidente y vicepresidente, y del establecimiento de una junta revolucionaria que tendría por objeto reorganizar el gobierno.
(7) El impacto agrario que siempre ha producido el Plan Ayala ha hecho que se pierda de vista, que el político, fue el factor determinante del levantamiento de Zapata en noviembre de 1911. En efecto para desconocer a Madero como jefe de la revolución y como presidente de la república. Esto llevó a Zapata a la rebelión de 1911 que por otro lado procuró justificar por la lucha a favor de las reivindicaciones agrarias, que emprendió con constancia y tenacidad, pero lo cierto que se alzó y abandonó a Madero para designar, en sustitución como jefe de la revolución a Pascual Orozco, cambio que puso de manifiesto la desorientación política en que había caído el caudillo del sur. Fuentes para la historia de la Revolución Mexicana: Manifiestos Políticos (1892-1912). México. 1957. p. 25.
(8) Reed, John. México Insurgente. México. 1974. p. 117.

I. C. CONTEXTO POLÍTICO- CULTURAL.

El problema del sufragio (1892-1910) dio cuerpo al primer apartado. En una serie de manifiestos podemos descubrir la tendencia reeleccionista que propugnaba la conservación del general Díaz en el poder.
“Los partidarios de ella aseguraban que la actividad política que ponían en juego tendía a consolidar el orden y a procurar que la guerra civil fuera un accidente en la historia de México. Para ellos la paz era una fuerza cada vez más viva, y un hecho definitivo; ahora bien la paz efectiva debería ser conquistada por medio de la vigorización de la autoridad, aunque esa fortaleza significara un sacrificio de magnitud, como el que se imponía a nuestra democracia con las reelecciones reiteradas, excepcionalmente recomendables, en la medida que al último período presidencial tocaba ser justificación terminable de los anteriores que había usufructuado el caudillo de Tuxtepec”. (9)
Al tiempo que Madero y el antireeleccionismo actuaran en la oposición, se acercaron al pueblo y propugnaron antes el derecho a votar que el derecho al bienestar. Madero provocó la agitación electoral y llegó a los comicios de 1910, con la compañía del pueblo, fracasando éste, con el apoyo del pueblo en armas, Madero obligó a renunciar a Porfirio Díaz, con la fuerza que le dio el pueblo a Madero ascendió a la presidencia en 1911.
(10) En los escasos quince meses que duró Madero en el poder, tuvo que enfrentar cinco rebeliones. Los antiguos correligionarios como Emilio Vázquez y Emiliano Zapata esgrimirán el Plan de San Luís, contra Madero.
(9) Sin embargo el progreso alcanzado por el país, que se procuró acreditar a la paz y, al orden impuestos por el general Porfirio Díaz, transformó el concepto de reelección, excepcionalmente recomendable, en la necesidad ineludible de que él presidente se perpetuaría en la primera magistratura, pues de otra manera se corría el riesgo de perder; definitivamente los beneficios que México había obtenido a la sombra del porfiriato. Fuentes para la Historia de la Revolución Mexicana: manifiestos Políticos (1892-1912). México. 1957. p. 10.
(10) Pese a que Madero, era presidente institucional, los senadores estaban obligados a sucumbir con las instituciones, el ejército comprometido a defenderlas, que en cuanto a los evolucionistas, por definición de su doctrina, lo estaban a repudiar la violencia. Fuentes para la Historia de la Revolución Mexicana. Manifiestos Políticos (1892-1912). México. 1957. p. 10.
Porfirio Díaz gobernó por encima de las facciones y permitió que la Iglesia fuera relativamente libre para que contribuyera a la unidad nacional apoyando al gobierno, mantuvo la ley y la utilizó para garantizar la existencia de las voluntades divergentes en el interior de la sociedad, conservó los principios de liberalismo y evitó su aplicación abusiva. (11)
Durante el gobierno de madero se siguió desarrollando la labor social de la Iglesia; se fundaron varias instituciones, escuelas para papeleros y obreros, la unión de las damas católicas que llevó a cabo labores sociales y sostuvo escuelas para trabajadores.
Durante los cuatro años del gobierno preconstitucionalista, Carranza resurgió la oposición entre liberalismo e Iglesia, acarreando además problemas con los gobiernos de otros países, especialmente con el de los Estados Unidos, la mayoría de los dirigentes de la revolución constitucionalista ya eran anticlerical en 1913 y su ideología se vino a sumar a la necesidad de allegarse fondos para cubrir los crecientes gastos de la lucha armada. (12).
La revolución constitucionalista 1913-1914. El gobierno de Huerta no fue reconocido por el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, quien el 26 de marzo de 1913 proclamó el Plan de Guadalupe, bandera de la revolución constitucionalista, al que se declaraba continuador de la obra de Madero y procedía la formación del ejército constitucionalista, al que no tardaron en sumarse el general Álvaro Obregón en Sonora, y Pancho Villa en el norte, mientras Zapata volvía a dominar la situación en el sur del país.
(11) La iglesia entró vigorosamente al campo social de suerte que la preocupación primordial de los obispos fue la aplicación de los principios cristianos y las relaciones entre obreros y patrones, campesinos y propietarios, trabajo y capital, los párrocos de los pueblos alfabetizaron y catequizaron, los sacerdotes lucharon por mejorar las condiciones de los campesinos y obreros, hubo movimientos de acción social y cívica, también se abocaron al estudio de los problemas educativos, la prensa católica, la miseria e ignorancia del indígena, establecieron grupos de asistencia económica y cultural. Ulloa, Berta. Historia de la Revolución Mexicana. México. 1983. p. 419.
(12) La ocupación de templos, conventos, escuelas, obispados, etc, y el aprovechamiento de objetos de culto que efectuaron los constitucionalistas en los primeros tiempos de la lucha armada, no tuvieron más justificación que su propio capricho y el concepto de que eran bienes del enemigo militar. Herzog silva, Jesús. Breve historia de la Revolución Mexicana. México. 1960. p. 79.

El triunfo de Carranza (1914-1919). Pronto surgieron diferencias entre revolucionarios en tres grupos, los villistas, que ofrecían un programa político-social poco definido; los zapatistas, que mantenían los principios formulados en el Plan de Ayala; y los carrancistas, vinculados a la burguesía y deseosos de preservar los beneficios obtenidos por los generales, empresarios y abogados adictos a Carranza.
Con los decretos finales de 1914 y la ley agraria de 1915, Carranza ganó para su causa a amplios sectores de la población, mientras los ejércitos carrancistas al mando del general Obregón ocuparon Puebla el 4 de enero de 1915 y derrotaron a Villa en Celaya, Guanajuato, León y Aguascalientes, entre abril y julio del mismo año, por lo que Estados Unidos reconoció al gobierno de Carranza en el mes de octubre. (13)
La constitución de 1917. Los integrantes del congreso se aplicaron a elaborar una nueva Constitución Federal, que en cierto modo siguió muchos principios de la anterior, la de 1857, pero en no pocos artículos, introdujo reformas o estableció principios completamente nuevos, sobre todo en lo referente a la reforma agraria, que impulsó la distribución de tierras y en lo que ve a la protección de la clase obrera. Además en todos los artículos que tocaban el problema educativo o religioso se percibió un espíritu faccional muy dividido y llamativo, medularmente anticatólico por una parte y por otra en protección a las ideas de los últimos que al final fueron a repercutir en la guerra cristera con Plutarco Elías Torres con el cumplimiento riguroso de la ley y la condena de lo antirreligioso de la constitución del papa Pio XI en su encíclica Iniques Aflictisque el 18 de noviembre de 1926.

(13) Villa realizó en el norte una guerra de guerrillas y trató de crear conflictos internacionales con Estados Unidos, cuyo gobierno en 1916, envió tropas en su persecución, aunque éstas no lograron capturarlo. Herzog Silva, Jesús. Breve Historia de la Revolución Mexicana. México, 1960. p. 40.

II. DIEGO RIVERA Y SU PARTICIPACIÓN POLÍTICA-CULTURAL EN 1921-1955.

II. A. BIOGRAFÍA.

Diego María Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de la Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez, mejor conocido como Diego Rivera, nació en la ciudad de Guanajuato, Guanajuato, el 8 de diciembre de 1886. El talento para la pintura fue desarrollándose en él a lo largo de sus años escolares. Cuando apenas contaba diez años, la familia de Diego se trasladó a la Ciudad de México. Allí, obtuvo una beca del gobierno para ingresar en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, en la que permaneció hasta su expulsión en 1902, por haber participado en las revueltas estudiantiles de ese año. Las influencias que recibió en su estancia en la capital fueron variadas, y van desde las de su primer maestro, discípulo de Ingres, hasta las de José Guadalupe Posada, grabador en cuyo taller trabajó Diego y cuya influencia sería decisiva en su posterior desarrollo artístico.
II. B. MURALISMO MEXICANO.
Este movimiento plástico se dio en México entre 1920 y 1960. El movimiento era dominado por tres pintores: Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Sequeiros. Cada uno tuvo una técnica y personalidad distinta, pero compartieron aspiraciones comunes. Los tres muralistas trabajaron durante el tiempo en el que México se vio liberado del sofocante régimen de Porfirio Díaz en 1911, y es en este periodo donde se encontró un nuevo espíritu nacionalista bajo la Constitución de 1917. (14)
(14) Los tres artistas recibieron comisiones del presidente Álvaro Obregón y del Secretario de Educación, José Vasconcelos, para decorar edificios públicos con temas que glorificaran la revolución y la historia prehispánica de México. El mensaje artístico-político principal, era que los murales a pintar pudieran ser "leídos" fácilmente por el ciudadano mexicano promedio. Los tres artistas participaron en las primeras comisiones, para la Escuela Nacional Preparatoria en la Ciudad de México, durante 1922. El resultado tuvo mucho éxito, y pronto le siguieron otros
Fue a partir de la revolución mexicana de 1910, en contra del régimen de Porfirio Díaz, cuando el movimiento plástico del país azteca comienza a despertar del letargo academicista en que se hallaba sumido, demandando una verdadera escuela de arte. Sin embargo, es sólo en la dictadura de Victoriano Huerta cuando comienza a despertarse este proceso de cambio en la plástica mexicana con el nombramiento del pintor Alfredo Ramos Martínez como director de la Escuela de Nacional de Artes Plásticas en 1913, quien dio impulso a la reforma. Posteriormente, fue Gerardo Murillo mejor conocido como Dr. Atl quien, al suceder a Ramos en el cargo, inculcó en los nuevos artistas una manera distinta de crear: (15) "El Dr. Atl no estuvo contento únicamente con alimentar la imaginación de los estudiantes, así que quiso transformar el academicismo del arte mexicano por uno por uno real y revolucionario" Cunhal, Álvaro. (2000).
El muralismo mexicano fue promovido José Vasconcelos, ministro de Educación pública durante el mandato de Álvaro Obregón finalizando la década de 1920, y fue éste (Vasconcelos) quien puso a la disposición de los artistas el espacio mural de los edificios públicos, como parte de una política de educación popular en pro de reforzar el conocimiento de la historia revolucionaria.
De la mano de Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros principalmente, los murales fueron la reafirmación de lo que significaba "llegar a las masas", el espacio del que nadie podía ser dueño, por tanto, todos podían poseerlo:

edificios públicos. La obra monumental de los muralistas mexicanos es reconocida a nivel mundial. Imaginario, Andrea. (2000). El Muralismo Mexicano: Una Revolución Artística, un Arte para la Revolución. (Artículo en línea). Disponible: http: w.w.w. wikipedia.es. (Consulta: 2007, mayo 02).
(15) Así, el movimiento pictórico mexicano estuvo influenciado por los valores que el Dr. Atl impartiera al negarse a continuar con la tradición plástica europea, siendo él, justamente, quien retomara los temas relativos a la mexicanidad. Cunhal, Álvaro. (2000). Muralismo Mexicano, en Temas de Cultura. (Artículo en línea). Disponible: http. w.w.w.wikipedia.es. (Consulta: 2007, mayo 17).
El muralismo quiso hacer accesible el arte a través, justamente, de los murales. La pintura de caballete apenas se circunscribía a los salones de arte, círculos elitescos por excelencia y, por tanto, alejados completamente de la experiencia popular. Así, David Alfaro Siquieros, verdadero activista, junto con Rivera, Orozco y otros artitas de esta tendencia, organizados políticamente en la Unión de Trabajadores Técnicos, Pintores y Escultores, declararían en un manifiesto publicado en el órgano divulgativo El Machete: (16) "Repudiamos la llamada pintura de caballete y todo el arte de los círculos ultraintelectuales porque es aristocrático, y glorificamos la expresión de arte monumental porque es de dominio público". Charlot, Jean. (2000).
El fin de los conflictos armados de la Revolución dio lugar al inicio de nuevos proyectos. Para Álvaro Obregón (1880-1928), quien en diciembre 1º de 1920 había asumido el poder como presidente electo, la educación era el medio civilizador y pacificador que daría legitimidad a su gobierno.
Para encabezar la recién creada Secretaría de Educación Pública, Obregón nombró a José Vasconcelos (1881-1959), quien ocupó dicho cargo del 10 de octubre de 1921 al 28 de enero de 1924. Como parte de su programa, Vasconcelos se propuso educar a las masas por medio de ideas e imágenes plasmadas en los muros y espacios públicos.
Un grupo de artistas plásticos dispuesto a sumarse al proyecto obregonista participó en la "decoración" de los muros de la Escuela Nacional Preparatoria. La Creación de Diego Rivera marca el punto de partida del Muralismo Mexicano. (17)
(16) Esta fue la primera bandera estética del movimiento. Su principal soporte plástico fue también materialización de su ideología. La monumentalidad sería inevitable, pues tenían como lineamiento resaltar y engrandecer la revolución y el pasado histórico del país: su pasado precolombino, su identidad nacional como "provocadora" y "contenedora" de la conciencia social. El muralismo mexicano como expresión de la monumentalidad es una de las últimas evidencias de la integración de todas las artes en el siglo XX, es también una forma de conciencia plástica: "La pintura llamada de caballete debe tener medios, intenciones y aspectos opuestos a los de una pared. La pintura de un cuadro es absoluta, es decir, no tiene relación alguna con arquitectura o medio material determinado. La pintura mural es subordinada, es decir, tiene que ser complementaria de la arquitectura, siguiendo las proporciones modulares de la misma". Charlot, Jean. Escritos Sobre el Arte Mexicano. (Artículo en línea). Disponible: http: w.w.w.Google.com. (Consulta: 2007, mayo 11).

La corriente muralista perdió paulatinamente su espontaneidad, volviéndose siempre más académica. Desde 1950 a 1955 se registraron los últimos años de esta corriente.

II. C. TRABAJO CULTURAL.

Diego Rivera estudió en la mexicana Academia de San Carlos con Santiago Rebull y José María Velasco. Luego (1907) perfeccionó sus estudios en Madrid con Eduardo Chicharro. En los años formativos de estudio y trabajo (1907-21) que pasó en Europa -España, Francia, Italia- asimiló las principales tendencias y en sus dos etapas iniciales, paradójicamente, refleja tanto la tendencia realista de Zuloaga y Chicharro como la cubista de Gris y Picasso. En 1922, Diego Rivera (1886-1957) pintó La Creación en el muro del proscenio y en lo que fue la concha acústica para un órgano monumental colocado hacia 1910 y que desapareció probablemente durante los años de la lucha armada.
El arte de Diego Rivera constituyó uno de los pilares sobre los que habría de asentarse uno de los más pujantes movimientos de la pintura americana: el muralismo mexicano. Su arte depende en gran manera de un vocabulario surgido de una mezcla de Gauguin y la escultura azteca y maya. La aportación de la obra de Diego Rivera al arte mexicano moderno fue decisiva en murales y obras de caballete; fue un pintor revolucionario que buscaba llevar el arte al gran público, a la calle y a los edificios, manejando un lenguaje preciso y directo con un estilo realista, pleno de contenido social. Paralelamente a su esfuerzo creador, Diego Rivera reunió una magnífica colección de arte popular mexicano.
(17) Jean Charlot pintó Masacre en el Templo Mayor, Fernando Leal La fiesta del Señor de Chalma, David Alfaro Siqueiros Los elementos, Los mitos, El entierro del obrero sacrificado y El llamado a la libertad, Ramón Alva de la Canal El desembarco de los españoles y la cruz plantada en tierras nuevas y Fermín Revueltas Alegoría de la Virgen de Guadalupe. Cunhal, Álvaro. (2000). Muralismo Mexicano, en Temas de cultura. (Artículo en línea). Disponible: http: w.w.w.wikipedia.es. (Consulta: 2007, mayo 17).

Siempre fue la ambición de Rivera expresar en forma plástica los sucesos, ideas y esperanzas de la Revolución Mexicana. Para hallar un medio adecuado a esta expresión tuvo que experimentar con la técnica del fresco. Esta técnica consiste en pintar directamente sobre la argamasa (mezcla de cal y arena) mojada, para que el color penetre y, al secarse aquélla, lo fije. Nuevamente en Europa, Rivera expuso en Madrid y en París. En 1920 fue a Italia a estudiar los frescos del Renacimiento que allí se conservan, e investigó la técnica mural del pintor renacentista italiano Giotto, cuya influencia lo hizo apartarse del movimiento cubista, para indagar con mayor profundidad en las escenas sociales de su entorno. Antes de embarcarse, Diego tenía en cartera centenares de bocetos para ejecutarlos a su regreso.
De las experiencias reunidas en este viaje, Rivera dedujo un estilo narrativo, lineal y de color aplicado en tintas planas, que utilizó a su regreso a México, en 1921, tras la elección de Álvaro Obregón como presidente. Una vez en su país, fundó junto con José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros un movimiento pictórico al que se le dio el nombre de escuela mexicana de pintura. (19)


(18) Realizó una obra vastísima como muralista, dibujante, ilustrador y escritor, desarrollando al mismo tiempo actividad política. Diego Rivera, en formas simplificadas y con vivo colorido, rescató bellamente el pasado precolombino, al igual que los momentos más significativos de la historia mexicana: la tierra, el campesino y el obrero; las costumbres, y el carácter popular. Royero, Manuel. Diego Rivera. México, 1983. p. 116.
(19) Trabajó por entonces en la elaboración de frescos para la Escuela Nacional Preparatoria de la Ciudad de México y para la Secretaría de Educación. A este periodo pertenece una de sus grandes obras, "La tierra fecunda", realizada para la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo. Asimismo, y al igual que Orozco, Rivera se interesó vivamente en la política y en sus composiciones murales, históricas o simbólicas, resuena la voz de la prédica social-revolucionaria y de la resistencia a la opresión extranjera. Otros de los grandes murales que pueden apreciarse hoy en el país son los del Palacio de Cortés de Cuernavaca, y los del Palacio Nacional, en la Ciudad de México, por mencionar sólo algunos. López Rangel, Rafael. Diego Rivera y la Arquitectura Mexicana. México, 1986. p. 71.


Los murales que Rivera pintó en México lo hicieron tan famoso que se convirtió, no sólo en jefe de escuela pictórica, sino también en líder político. Sus actividades en este último orden lo han hecho centro de no pocas polémicas y peripecias, como, por ejemplo, cuando se negó el Hotel del Prado, en la Ciudad de México, a exhibir un gran fresco suyo en que aparecían las palabras "Dios no existe", que Diego, a su vez, se negaba a dejar borrar, hasta que por fin cedió al regresar en 1956 de un viaje a Rusia realizado por motivos de salud. Diego Rivera fue miembro del Partido Comunista de 1923 a 1930 y de 1954 hasta su muerte.
Murales en Estados Unidos.
La expansión de su fama llevó a Rivera durante la década de 1930 a exponer su pintura en Nueva York, y recibió el encargo de la realización de grandes murales en el Instituto de Arte de Detroit y en el Rockefeller Center de N. York, donde su fresco "Hombre en la encrucijada" recibió numerosas críticas por la semejanza de los rasgos de una de sus figuras con Lenin. El mural fue destruido por el centro y sustituido por otro de Brangwyn, pero Diego luego lo reprodujo para el Palacio de Bellas Artes de México. En sus numerosos encargos para decorar edificios públicos, Rivera utilizó el buon fresco, técnica que puso de nuevo en boga, al igual que el empleo de los antiguos métodos encáusticos. (20)

(20) Desde finales de la década de 1930 se dedicó a la pintura paisajística y de retratos. Desarrolló en sus últimas pinturas un estilo indigenista y social de gran atractivo popular. Su más ambicioso y gigantesco proyecto, un mural épico sobre la historia de México para el Palacio Nacional, quedó inconcluso a su muerte, acaecida en la Ciudad de México el 25 de noviembre de 1957. Bozal, Valeriano. Diego Rivera. Madrid. 1987. p. 146.

II. D. TRABAJO POLÍTICO.

Identificado con el movimiento comunista, Diego Rivera reniega en su país de la educación estética recibida en Europa y, recogiendo la tradición india y negra, aunque sin olvidar la técnica europea, enarbola el mural como estandarte de su indigenismo y su apostolado marxista. Con su vigoroso y original estilo representa la resolución y síntesis de los más distintos movimientos culturales: la técnica europea, a la que debe su sabia estructuración decorativa; el más genuino sentimiento popular, que impregna sus obras de mexicanismo; y su ideario social, que hace de su arte un vehículo de propaganda.
Fundador en su país del Partido Comunista, Diego Rivera visitó la Unión Soviética en 1927-28. De regreso a México se casó con la pintora Frida Kahlo, que había sido su modelo, y persuadió a su gobierno a que concediese asilo político a Trotski (1936), lo que le valió la expulsión del Partido. (21)


(21) “Rivera se interesó vivamente en la política y en sus composiciones murales, históricas o simbólicas, resuena la voz de la prédica social-revolucionaria y de la resistencia de la opresión extranjera”. Rivera, Marín. Política y Arte de la Revolución Mexicana. México, 1997. p. 278.

III. IDENTIDAD NACIONAL Y CONSTRUCCION DEL IMAGINARIO SOCIAL EN MEXICO (1921-1955)

III.A. CONTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD NACIONAL EN MÉXICO.
Identidad, concepto lógico, muy empleado en filosofía, que designa el carácter de todo aquello que permanece único e idéntico a sí mismo, pese a que tenga diferentes apariencias o pueda ser percibido de distinta forma. La identidad se contrapone, en cierto modo, a la variedad, y siempre supone un rasgo de permanencia e invariabilidad. En la historia de la filosofía, la afirmación de la identidad como uno de los rasgos del verdadero ser ha sido muy utilizada desde Parménides, que ya afirmó el carácter idéntico del ser. Por el contrario, otras posturas filosóficas han afirmado que es precisamente la posibilidad de variación y modificación (es decir, la ausencia de identidad) la que caracteriza el verdadero ser (tal es el caso de Heráclito y de las filosofías que admiten el cambio y el devenir como rasgos esenciales de la realidad). (22)


III.B. CONSTRUCIÓN DEL IMAGINARIO COLECTIVO EN MÉXICO.
El mito y la historia operan simultáneamente en el tiempo y el espacio, pues representan dimensiones cognitivas diferentes. Mientras la historiografía pretende competir en el espacio de la razón, en la búsqueda de explicaciones causales, de motivos objetivos, determinantes de comportamientos, e inscritos en una u otra lógica argumentativa, el mito fija en la conciencia colectiva representaciones basadas sobres las categorías de exclusión y diferenciación
(22) “Una de las aplicaciones más empleadas del concepto de identidad se encuentra en la lógica, que emplea el llamado ‘principio de no contradicción’. Según éste, no es posible afirmar de un mismo sujeto un determinado atributo y su contrario. La formulación elemental de este principio lógico es: “aquello que es, es; lo que no es, no es”. Enciclopedia Microsoft. Encarta. (2006). Identidad Nacional. Microsoft Corporación. Reservados todos los derechos.
Altamente adjetivadas, más que argumentadas.
En tanto la forma de la conciencia social, el pensamiento mítico mantiene vigencia sobre todo el campo del poder. “Nada se asemeja más al pensamiento mítico que la ideología política, tal vez ésta no ha hecho mas que reemplazar a aquel en nuestras sociedades contemporáneas. (23).
En l construcción de un imaginario colectivo asociado al ejercicio del poder, la historiografía se narra de manera asociada tal que justifique y legitime una o varias posiciones.
Se erigen los mitos fundacionales, se incorporan anécdotas, que integran la experiencia vivida o contada a la identidad del grupo sirven para diferenciar categorías.
Los mitos políticos son fundacionales, pues: “Para construir una sociedad, se necesita una cierta cantidad de individuos y grupos que reconozcan una identidad común, estén incluidos por relaciones de dependencia material, política y simbólica que hacen que cada uno dependan de los otros para reproducirse”. (24)
La revolución mexicana ofrece un ejemplo fehaciente de un suceso histórico mitificado y convertido en forma de conciencia social.
La versión popular y popularizada de la contienda la presenta como un hecho fundacional a partir de la cual se inicia la historia, se crean las instituciones sociales y se define una cultura política.



(23) “las revoluciones retoman la estructura significativa de los mitos para crear un sistema de representaciones compartidos, capaz de reproducirse en la narración y los rituales”. Collin Harguindeguy, Laura. Personajes Históricos de la Revolución Mexicana Transformados en Héroes Culturales y Gemelos Míticos. Argentina. Ediciones del Centro de Etnología Americana. 1999. p 29-45.
(24) “Esta función de construcción imaginaria del mito se ve reflejada al convertirse en tema del ritual, a través de cuya reiteración se permite la reproducción de un orden cultural”. Collin Harguindeguy, Laura. Personajes Históricos de la Revolución Mexicana Transformados en Héroes Culturales y Gemelos Míticos. Argentina. Ediciones del Centro de Etnología Americana. 1999. p 29-45.

El concepto de revolución mexicana incluye una serie de hechos, con versiones diversas que pueden y son manipuladas por los actores políticos; los relatos, la alusión a los sucesos, tienen eficacia simbólica al ser reconocidos como pertenecientes a una orden superior, mientras que por su vinculación con lo trascendente inciden sobre el consentimiento de los gobernadores.(25)

(25) “Hay una revolución mexicana, la del texto, donde se conforman las posiciones y se revisan los hechos; pero también hay otra, la de la conciencia colectiva, ajena a la polémica o la búsqueda de la verdad”. Collin Harguindeguy, Laura. Personajes Históricos de la Revolución Mexicana Transformados en Héroes Culturales y Gemelos Míticos. Argentina. Ediciones del Centro de Etnología Americana. 1999. p 29-45.

CONSIDERACIONES FINALES

La Revolución Mexicana se desarrolló en México entre 1910 y 1920, en donde este país fue sacudido por una serie de luchas y revueltas, que intentaron transformar el sistema político y social creado por Porfirio Díaz.
La Revolución Mexicana que contribuyó formar el México contemporáneo, no tuvo un carácter homogéneo, sino que consistió en una serie de revoluciones y conflictos internos protagonizados por distintos jefes políticos y militares que fueron sucediendo en el gobierno de la nación.
Fue entonces a partir de 1910 con la Revolución Mexicana, en contra del régimen de Porfirio Díaz, cuando el movimiento plástico del país azteca comienza a despertar encabezado por Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco quienes principalmente trabajaron en los murales que fueron la reafirmación de lo que significaba llegar a las masas, el espacio del que nadie podía llegar a ser dueño, por tanto todos podían poseerlo. El muralismo quiso hacer accesible al arte a través justamente de los murales.
Es así como Diego Rivera junto a los ya nombrados pintores y otros artistas de otras tendencias, organizados políticamente en una unión de trabajadores técnicos, pintores y escultores, declararían un manifiesto, en donde repudiaban la obra del caballete, ya que era aristocrático.
Es a partir de esta revolución, tanto mexicana como artística o plástica que surge la construcción del imaginario colectivo en México.

FUENTES

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Bozal, Valeriano. Diego Rivera. Madrid. Historia 16. 1987.
Charlot, Jean. (2000) Escritos Sobre el Arte Mexicano. (Articulo en Línea). Disponible: http: www. Wikipedia.es.org. (Consulta: 2007, mayo 11).
Collin Harguindeguy, Laura. Personajes Históricos de la Revolución Mexicana Transformados en Héroes Culturales y Gemelos Míticos. Argentina. Ediciones del Centro de Etnología Americana. 1999.
De la Torriente, Lolo. Memoria y Razón de Diego Rivera. México, editorial Renacimiento. 1959.
Diego Rivera. (Artículo en Línea). Disponible: http. www. Diego rivera.org/ Imágenes/ Diego Rivera-port. (Consulta: 2007, mayo 05).
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Enciclopedia Microsoft. Encarta. (2006). Identidad. Microsoft Corporación. Reservados Todos los Derechos.
Flores Magon, Ricardo. La Revolución Mexicana. México, Editorial Colección 70. 1970.
Fuentes Para la Historia de la Revolución Mexicana: Manifiestos Políticos (1892-1912). México, Editorial Fondo de Cultura Económica. 1957.
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Herzog Silva, Jesús. Breve Historia de la Revolución Mexicana. México, Editorial Fondo de cultura Económica. 1960.
Imaginario, Andrea. (2000). El Muralismo Mexicano: Una Revolución Artística, Un Arte Para la Revolución. (Artículo en línea). Disponible: http.www. wikipedia.es.org. (Consulta: 2007, mayo 02).
Lepage, Freddy. En el Nombre de la Revolución. México, Editoriales de bate. 1973.
López Rangel, Rafael. Diego Rivera y la Arquitectura Mexicana. México, Editorial del Consejo Nacional del Consejo Educativo. 1986.
Meyer, Lorenzo, Historia de la Revolución Mexicana. México, Editores de la Biblioteca del colegio de México. 1978.
Molina, Arturo. Los Gobernantes de México. México, editorial Océano. Vol. II. 1873.
Ospovat, Lev. Diego Rivera. México, Editorial el Progreso. 1989.
Reed, John. México Insurgente. México, Ediciones de Cultura Popular, S.A. 1974.
Rivera, Marín. Política y Arte de la Revolución Mexicana. México, León y Cal Editores. 1997.
Royero, Manuel. Diego rivera. México, Fundación Cultural. 1983.
Siquieros, David Alfaro. Pintura Mural. México, editorial de la plástica Mexicana. 1992.
Taracena, Alfonso. Historia Extraoficial de la Revolución Mexicana. México, Editorial Jus, S.A. de C.V. Plaza de Abasalo no 14. 1987.
Taracena, Berta. Diego Rivera: Su Obra Mural en la Ciudad de México. México, Ediciones Galería de Arte. 1981.
Ulloa, Berta. Historia de la revolución Mexicana. México, Editores del Colegio de México. 1883.

1 comentario:

Luis Guillermo dijo...

podrian poner personas famosas que haya dibujado Rivera

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